Si sientes preocupación por el caminar de tus hijos, esta oración puede acompañarte. Léela en voz baja al iniciar el día, escríbela en un diario, o repítela al acostarte, para abrir tu corazón a la presencia del Señor y buscar consuelo.
Señor, te presento a mis hijos, con sus risas, dudas y sueños; te pido que tu amor sea luz que los guíe en cada paso.
Ayúdame a ser instrumento de tu enseñanza, a transmitirles tu verdad con paciencia y ternura, y a escuchar sus corazones cuando necesiten consuelo.
Danos serenidad para confiar en tu dirección, y valentía para acompañarlos en los momentos difíciles, sabiendo que tu presencia permanece cerca.
Que cada día encontremos palabras de aliento, y que en la casa se escuche tu paz, fortaleciendo la fe de toda la familia. Amén.
Este pasaje nos recuerda la importancia de enseñar la fe a las nuevas generaciones, manteniendo la palabra de Dios presente en la vida cotidiana de la familia y su hogar.
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón:
Lee con atención, dejando que cada frase repose en tu corazón.
Y las repetirás á tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes: