En momentos de dolencia, el cuerpo y el corazón pueden sentirse abatidos. Esta oración está pensada para acompañarte, ya sea en silencio, susurrada al despertar o escrita en un cuaderno. Puedes leerla en voz baja, repetirla cuando lo necesites y permitir que la presencia del Señor te rodee.
Señor, en este instante todavía me acerco a Ti con el corazón abierto, reconociendo mi fragilidad y mi necesidad de Tu compañía. Te pido que me rodees con Tu amor mientras atravieso esta dolencia, que mi mente encuentre serenidad y que mi espíritu reciba consuelo.
Acompáñame en cada respiración, dame la fortaleza para aceptar lo que no puedo cambiar y la esperanza de sentir Tu presencia cercana. Que la paz que sobrepasa todo entendimiento guarde mi interior, y que pueda confiar en Tu guía aunque el camino sea incierto. Amén.
En la Escritura encontramos consuelo que nos recuerda la compasión del Señor; estos pasajes nos invitan a confiar en Su cuidado mientras buscamos paz en medio de la dolencia profunda.
El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias;
Lee despacio este versículo y deja que su verdad te envuelva.
El sana á los quebrantados de corazón, y liga sus heridas.