Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Este versículo nos recuerda que, aun cuando atravesamos los momentos más oscuros, la presencia de Dios no nos abandona. Su vara y su cayado, símbolos de protección y guía, están allí para darnos aliento y seguridad, aun en el valle más sombrío de la vida.
Lee este Salmo en voz alta cada mañana antes de tus tareas y siente cómo cada palabra te rodea. Puedes escribir “Dios está conmigo” en una nota y colocarla donde la veas frecuentemente, recordándote que su apoyo está siempre presente.