Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.
El apóstol Pablo distingue entre el espíritu que paraliza y el que impulsa con valentía, amor y moderación. Reconocer que el temor no proviene de Dios abre camino a una actitud equilibrada y segura.
Cuando sientas ansiedad, escribe la palabra “fortaleza” en una nota adhesiva y pégala en tu espejo. Cada vez que la veas, recuerda que el Espíritu que posees contiene esa fuerza.