Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.
Jesús declara una bendición para los que lloran, prometiendo que recibirán consolación. Este mensaje reconoce el dolor humano como parte del caminar, pero asegura que Dios no lo deja sin respuesta. La promesa invita a buscar consuelo en la comunidad de fe y a confiar en la ternura del Maestro.
Recita este pasaje en silencio cuando la tristeza te sobrecargue y permítete llorar mientras lo haces. Después, comparte la frase “bienaventurados los que lloran” con alguien que atraviese pena; a menudo, una palabra amable abre espacio para la esperanza y el consuelo mutuo.