El que encubre sus pecados, no prosperará: mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.
El proverbio nos muestra la diferencia entre ocultar el pecado y confesarlo; la primera actitud bloquea la prosperidad, mientras que la confesión abre la puerta a la misericordia de Dios. Notar esa verdad nos anima a la honestidad interior.
Esta tarde, escribe en un cuaderno una pequeña confesión que aún guardas. Después, ora pidiendo la gracia de apartarte de ese hábito y recibe la promesa de misericordia que sigue a la sinceridad.