Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, ó qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
Este pasaje invita a notar que la vida posee un valor que trasciende las necesidades básicas; la ansiedad por lo material puede perder fuerza cuando recordamos que somos más que nuestras posesiones.
Antes de una compra impulsiva, pausa un momento y repite mentalmente: “¿Es esto esencial para mi vida?”. Esa breve reflexión ayuda a reducir la presión del consumismo.