Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?
El versículo nos anima a observar la providencia que el Padre muestra en la naturaleza; al reconocer que Él cuida de las aves, podemos confiar en su atención a nuestras propias necesidades.
Al salir, levanta la mirada al cielo, observa una ave y agradece en silencio por la provisión que ya recibes; ese gesto sencillo recuerda la constante alimentación divina.