Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.
Este texto sugiere que la ansiedad se atenúa cuando llevamos nuestras inquietudes delante de Dios, acompañándolas de gratitud. Al reconocer sus bendiciones, nuestras peticiones se vuelven más claras y el corazón se alivia.
Escribe tus peticiones en un cuaderno, añade al final una palabra de agradecimiento y lleva ese papel a tu altar personal antes de iniciar cualquier tarea importante.