Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
El salmista celebra que cada amanecer trae consigo una frescura renovada, evidencia de la gran fidelidad de Dios. Esta renovación diaria nos recuerda que la esperanza no está estancada, sino que se renueva con cada luz que se alza. Reconocer la fidelidad divina alimenta un ánimo confiado y agradecido.
Cada mañana, escribe una palabra que describa la frescura que sientes y colócala en tu espejo. Lee el versículo mientras lo haces, permitiendo que la promesa de “nuevas son cada mañana” impulse tu día. Compartir este gesto con tu familia puede sembrar esperanza en el hogar.