Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más.
El relato muestra a Jesús liberando a la mujer adúltera de la condena, dándole una nueva oportunidad. Notar la ausencia de juicio nos recuerda que la misericordia supera la culpa.
Escribe en un papel "No soy condenado" y colócalo en tu espejo. Cada mañana, al verte, repite esa frase para interiorizar la gracia que Jesús ofrece.