¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericordia.
El profeta reconoce la singularidad de Dios, quien no retiene enojo y es amante de la misericordia. Notar esa característica divina nos invita a reflejarla en nuestras relaciones.
Dedica cinco minutos hoy a agradecer a Dios por su perdón, y escribe una pequeña acción que puedas hacer para mostrar misericordia a alguien cercano.