Mas ¿quién de vosotros podrá, congojándose, añadir á su estatura un codo?
El texto subraya que el esfuerzo humano, cargado de preocupación, no puede añadir a nuestra verdadera medida; reconocer nuestra limitación abre espacio para la dependencia en la gracia.
Anota en un papel la preocupación que te consume, escribe al lado: “Dependo de Dios”. Mantén esa hoja cerca y revísala cuando el ánimo se agote, recordando tu dependencia.