NO se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí.
Este pasaje nos anima a observar que la turbulencia interior no es inevitable; la confianza en Dios y en Jesús puede estabilizar nuestras emociones. Al reconocer su presencia, el corazón encuentra un ancla que disipa la inquietud.
Memoriza la frase “NO se turbe vuestro corazón” y repítela en silencio cada vez que un pensamiento ansioso intente apoderarse de ti; verás cómo la repetición calma la mente.